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sábado, 19 de abril de 2014

Algo sobre Versailles: la desaparecida Grotte de Thétis.

Louis XIV visitó por primera vez Versailles en 1651, con 13 años, se dice que fue entonces cuando tuvo lo que en francés se llama el coup de foudre (el flechazo en español). Su relación sería la más larga y prolífica que jamás tuvo el monarca francés.

Pero la historia del château se había iniciado mucho antes. Fue Louis XIII, quien en 1623 mandó erigir un modesto pabellón. El monarca, aficionado a la caza, estaba francamente cansado de tener que pasar la noche en albergues y hostales cuando la partida de caza se alargaba y era demasiado tarde para volver al Louvre (hemos de pensar que la distancia entre Versailles y Paris era de más de 4 horas). Por otro lado, a Louis XIII siempre le había gustado esa área situada al suroeste de Paris porque, aunque pantanosa, la caza era espléndida. A si pues, al lado del diminuto pueblecito de Versailles se levantó el nuevo pabellón de caza del Rey. Por aquel entonces en Versailles solo había unas pocas casas, una iglesia y varios molinos, pero el pueblecito estaba al lado de la importante ruta comercial que unía la capital con la Normandía. Como diríamos hoy en día, Versailles estaba bien comunicado.
Louis XIII pintado hacia 1622 por Rubens.

A pesar de que la decisión de Louis XIII haría entrar el nombre de Versailles en los libros de Historia, el modesto pabellón se parecía más a la casa de un gentilhombre de provincias que a la residencia del Rey de Francia y Navarra. El edificio seguía la típica planta en forma de U del château francés, con un muro que cerraba el patio, estaba construido en ladrillo y tenía un pequeño foso que lo rodeaba (más como una tradición que como elemento defensivo). El Rey tenía sus estancias en el primer piso del edificio central, el ala sur alojaba el guardamuebles, la norte las cocinas y el conserje y en las buhardillas había pequeñas habitaciones para alojar a los miembros del séquito. Al mismo tiempo que el castillo, en la parte posterior también se creó un jardín “à l’italienne” que se cercó con un muro.
El modesto primer pabellón de Louis XIII (1623-1624), hasta la fecha no se conoce su arquitecto.


Durante casi diez años esta modesta edificación fue la que usó Louis XIII. Pero finalmente en 1631 decidió encargar al arquitecto Philibert Le Roy un necesitado lifting. Solo la parte central fue conservada, las alas laterales se reconstruyeron al mismo nivel que la central, las puertas y las ventanas se enmarcaron en piedra calcárea, se construyeron cuatro pabellones en los ángulos del edificio y el muro que cerraba el patio se substituyó por una arcada. Ese fue el edificio que Louis XIII siguió usando hasta su muerte, acontecida el 14 de mayo de 1643 en el castillo de Saint-Germain-en-Laye.
El remozado segundo pabellón de Louis XIII.

Ocho años tardó el jovencísimo Louis XIV en volver a visitar el pabellón de su padre. Las visitas a Versailles fueron cada vez más frecuentes y en él, el joven Louis XIV descubrió la caza, la naturaleza, su afición por la arquitectura y su pasión por las mujeres. El joven monarca visitó con frecuencia el palacete con su joven amante Louise de La Vallière, pero tuvo que esperar diez años para poder plasmar la grandiosa visión que tenía de la arquitectura de su reinado.
Louis XIV pintado hacia 1654 por Justus van Egmont.

Louis XIV con 23 años, pintado por Charles Le Brun. 

En 1661, murió el Cardenal Mazarin, primer ministro del reino desde la muerte de Louis XIII. Louis XIV fue declarado entonces mayor de edad y dejó claro su deseo de gobernar sin primer ministro, él y sólo él sería el gobernante de Francia, como se recogió en la cita apócrifa de “l’État c’est moi”. Ese mismo año, Louis XIV encargó la reforma integral del palacete a los autores que habían construido el célebre Château de Vaux le Vicomte para el malogrado ministro de finanzas Nicolas Fouquet. Los autores eran: el arquitecto Louis Le Vau, gran emblema del barroco francés; Charles Le Brun pintor y decorador y André Le Notre, afamado paisajista responsable de revolucionar el arte de la jardinería creando el jardín “à la française”.
El diminuto pueblo de Versailles junto a la, cada vez mayor, propiedad real (1664).
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles).

La obras en el château se iniciaron, pues, el mismo mes de mayo en que el Cardenal Mazarin murió. Pero Louis XIV llevaba ya muchos años meditando el proyecto. En primer lugar, Louis Le Vau triplicó la superficie del castillo construyendo dos largas alas que albergaron los establos (al sur) y las cocinas y servicios (al norte). Las dos nuevas alas alargaban el patio de entrada, creando un segundo espacio que luego se conocería como Cour Royale y que se cerró con una nueva verja.
Las nuevas alas del servicio y el nuevo patio.

Una vez liberado el viejo château de los servicios, se pudo proceder a su completo remozamiento. La espartanas fachadas del reinado de Louis XIII mantuvieron su característico ladrillo rojizo, pero se añadieron bustos de mármol de antiguos emperadores romanos, las ventanas se agrandaron para convertirse en amplias puerta-ventanas y en el tejado se colocaron pots à feu y elaboradas decoraciones en plomo dorado.
El antiguo patio del viejo château, hoy llamada Cour de Marbre, conserva, a excepción de la parte central, el aspecto que tuvo en 1664.

Fachada del palacete hacia el jardín (1664), según el gravado de Israël Silvestre.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

También la distribución interior del edificio sufrió importantes modificaciones. Versailles ya no era el lugar para las escapadas con Madame de La Vallière o el pequeño palacete para retirarse durante las jornadas de caza. Versailles sería ahora la residencia de campo, la maison d’agrément, del Rey de Francia, muestra de su juvenil ímpetu. En ella se celebrarían fiestas, almuerzos, cenas, fuegos de artificio….Louis XIV pretendía, por lo tanto, alojar en el exiguo pabellón de su padre a su esposa la reina Marie Thèrese (hija de Felipe IV de España, por cierto), a los hijos del matrimonio (uno por aquel entonces, Louis de France), a la reina madre Anne d’Autriche (en este caso hermana de Felipe IV), a Philippe, Duque de Orléans (hermano del Rey), a su esposa la Duquesa de Orléans y a la llamada Grande Mademoiselle (prima del Rey). En resumen, a la Familia Real al completo.

Pero una vez vaciado el palacete de las áreas del servicio, Le Vau pudo proceder a una completa reorganización. En primer lugar, para mejorar la distribución, construyó un elaborado balcón de hierro forjado y dorado que rodeaba el edificio por todo el primer piso, el balcón serviría de pasadizo (que no se podía construir en el interior), en segundo lugar eliminó la escalera central y proyectó dos escaleras nuevas, una en cada ala, y finalmente añadió dos pequeñas torrecitas en los ángulos del patio interior que servían de pasaje. Así pues, todos los miembros de la Familia Real poseían su appartement, compuesto esencialmente por una antecámara, una cámara y un gabinete. Las tareas de decoración no se pudieron dar por finalizadas hasta 1665.
Plano del palacete de Versailles (1668) - 1- Patio del viejo castillo (luego Cour de Marbre). Planta baja: 2- Vestíbulo; 3- Appartement bas del Rey (estancias de diario); 4- Appartement de la Grande Mademoiselle; 5- Appartement de la Reina Madre; 6- Appartement de los Duques de Orléans; 7- Sala de la Guardia; 8- Capilla. Primer piso: 2- Salón 3- Appartement de Louis de France, el Delfín; 5- Appartement de la Reina; 6- Appartement del Rey (usado para guardar las colecciones de pinturas y objetos preciosos); 7- Salón de Billar. Anexos: 9- Nuevo patio (futura Cour Royale); 10- Pabellón de los establos; 11- Cobertizo para los carruajes; 12- Pabellón de los servicios y la cocina; 13- Cuerpo de guardia; 14- Grotte de Thétis. 

Mientras tanto los jardines también seguían su particular metamorfosis y Louis XIV multiplicaba las estancias en Versailles, a pesar de que la sede oficial de la Corte continuaba siento el Louvre.

Pero las intenciones del Rey de convertir el palacete que había construido Louis XIII en una residencia real de campo no gozaban de especial simpatía entre los nobles del séquito real, que se veían obligados a alojarse como podían en pequeños albergues lejos de todas las comodidades que ofrecían sus mansiones de Paris. El ingenioso Duque de Saint-Simon, siempre muy crítico con Louis XIV, describió así el lugar: “Versailles, lugar ingrato, triste, sin vistas, sin bosques, sin agua, sin tierra porque todo son arenas movedizas o pantanos, sin aire, en resumen: no es adecuado.” También el nuevo, y estricto, superintendente de finanzas, Jean-Baptiste Colbert, lamentaba la gran cantidad de dinero invertido en la nueva obsesión del Rey “Durante todo el tiempo que Su Majestad a gastando grandes sumas de dinero en esta residencia, ella ha descuidado el Louvre, que es, seguramente, el palacio más magnífico que hay en el mundo […] que pena […] que el más glorioso de los reyes deba valorarse por lo que construye en Versailles”.

Pero Louis XIV no se dio por vencido. En mayo de 1664, celebró lo que se puede considerar como la inauguración de Versailles: los Plaisirs de l’Île Enchantée. Los Plaisirs fueron un conjunto de juegos, carreras, carruseles, banquetes, ballets, representaciones teatrales, fuegos de artificios y juegos de azar que se desarrollaron del miércoles 7 al miércoles 14 de mayo. Fue la consagración del nuevo château, cuyo único fin era, por aquel entonces, el disfrute y el reposo del Rey.
Plaisir de l'Île Enchantée, representación del ballet Alceste de Lully; se puede apreciar muy bien como era el patio del château.

Un año después, comenzó la construcción de aquello que quizás mejor represente la exuberancia de este primer Versailles de Louis XIV: la llamada Grotte de Thétis. La gruta (o grotta) tenía su origen en la Italia  de mediados del siglo XVI. En pleno Manierismo, aparecieron las grutas artificiales en los jardines: pabellones que evocaban a las ruinas antiguas o a las excavaciones en la campiña romana. Su función era incitar a la meditación, al reposo, conectar con lo primigenio de la naturaleza y, también, servir de lugar para encuentros galantes. Su arquitectura era predominantemente tosca, rústica, con decoraciones que imitaban las cuevas o bien el fondo marino; y casi siempre había una fuente, se dice que para incitar al recogimiento, aunque también para ahogar el ruido de las conversaciones privadas. Fue en Fontainebleau donde François I mandó construir la primera gruta de Francia, obra del italiano Primaticcio.

Terminada en 1666, la nueva Grotte de Thétis de Louis XIV tenía también un sentido práctico, se trataba de un edificio cúbico, en cuya parte superior había una gran cisterna, y en la inferior se encontraba la gruta propiamente dicha. La fachada presentaba casi ningún elemento arquitectónico y en ella predominaban elaborados bajorrelieves y tondi que alternaban con paneles “de glaçon” que imitaban la roca sin pulir de las cuevas.
Fachada de la Grotte de Thétis.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles).

Planta de la gruta donde se puede apreciar el elaborado pavimento de mármol de colores.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

Pero el verdadero interés de la gruta estaba en el interior. Dividido en dos pórticos y tres naves, el interior presentaba altos techos abovedados y todos los muros completamente recubiertos de conchas de colores y de guijarros. Cuatro piletas de mármol en forma de concha decoraban los pilares de los que emergían esculturas de faunos y ninfas y unas máscaras hechas con conchas de colores servían de surtidores para las fuentes. La decoración de este primer pórtico se completaba con dos esculturas en los nichos de los extremos de Acis y Galatea obra de Jean-Baptiste Tuby. El segundo pórtico, el más interior, era ligeramente más estrecho y su principal característica eran tres grandes grupos escultóricos. En la nave central había “Apolo servido por las ninfas de Thétis”, en la nave izquierda “Los caballos mansos atendidos por dos tritones” y en la derecha “Los caballos feroces atendidos por dos tritones”. Todo el conjunto se completaba con un elaborado órgano hidráulico escondido detrás de la escultura de Apolo.
Una de las piletas y la elaborada decoración de los pilares.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

Diseños para los mascarones hechos con conchas.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

Vista interior de la gruta con los grupos escultóricos de Apolo (se han omitido los dos pilares centrales).
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

La iconografía que había guiado la selección de las obras y los motivos decorativos hacía hincapié en el descanso del Rey, función principal del este primer Versailles. Así pues, tanto los relieves de la fachada, como las esculturas en el interior hacían referencia al Rey (representado como Apolo, Dios del Sol) descansando en brazos de su amante la Duquesa de La Vallière (representada por la nereida Thétis, dueña de la gruta donde reposa el dios).
"Apolo servido por las ninfas de Thétis" (1666-1675) obra de Girardon y Regnaudin. Hasta la finalización definitiva de la obra, en la gruta se instaló una versión en yeso.

La Grotte de Thétis fue destruida en 1685 para permitir la ampliación del palacio. La gruta del Château de Wideville nos permite imaginar como pudo ser su decoración.

Terminada en 1666, la Grotte de Thétis fue el elemento más exuberante de los jardines de Versailles, entonces en constante mutación. También fue una de las primeras veces que la iconografía versallesca estableció el paralelismo entre el Rey y el dios Apolo (ergo el Sol).

El llamado Grand Divertissement Royal celebrado el 18 de julio de 1668 puede considerarse como la fiesta de despedida de este primer Versailles. Louis XIV tenía entonces 30 años y hacia siete que había empezado la transformación del pabellón de caza de su padre, pero la visión que tenía de sí mismo y de la creación de su vida era aún mayor (la Segunda Campaña de Ampliación).
Durante el Grand Divertissement la gruta sirvió de telón de fondo en numerosas representaciones.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

Versailles en 1668, por Pierre Patel.
Viendo el famoso cuadro de Patel que representa Versailles en 1668, uno casi siente cierta lástima por la desaparición de tan encantador edificio. Louis XIV pasó en él la mayor parte de su veintena y, quizás, la etapa más feliz de su vida. El primer Versailles fue el de la belleza por encima de la monumentalidad, el de la exuberancia en vez de la rigidez, el de los placeres por encima del deber. En otras palabras, fue la flor antes del fruto.  

sábado, 12 de abril de 2014

Algo sobre Versailles: la desaparecida Escalier des Ambassadeurs.

Louis XIV tenía ya bastante claro en 1668 que Versailles no iba a ser otra de las muchas residencias que los monarcas franceses poseían cerca de la capital. Antaño sus castillos y palacios se había esparcido por el Valle del Loire, desde el reinado de Henri IV lo hacían alrededor de Paris. Pero el monarca francés tenía probablemente decidido, aunque muchos lo ignoraran, que Versailles iba a ser la sede de la corte, suplantando al constantemente ampliado Louvre.

En 1668, Louis XIV empezó la Segunda Campaña de Ampliación. La Primera Campaña de Ampliación había consistido, esencialmente, en embellecer el viejo pabellón de caza de Louis XIII: sacar los establos y las cocinas del edificio principal, embellecer las fachadas…La segunda iba a ser mucho más monumental.
Louis XIV pintado hacia 1661 por Charles Le Brun.

Versailles despues de la Primera Campaña (1668) de Pierre Patel.

El monarca, ya fuera por nostalgia o por ahorrar tiempo o dinero, quiso conservar el viejo palacete de su padre, así que los diseños del arquitecto Louis Le Vau tuvieron que plegarse a dicha circunstancia. Le Vau, el arquitecto barroco francés más emblemático de la décadas centrales del siglo XVII, ideó algo llamado “l’Enveloppe” (la Envoltura). Su plan consistía en rodear el viejo edificio con uno de nuevo, que cara al jardín exhibiría una monumental fachada a base de ordenes superpuestos, columnas y pilastras, pórticos, hornacinas y un tejado a la italiana; vamos, que debía ser un emblema de aquello que orgullosamente se llamó “el clasicismo francés”. Francia debía ser la nueva Italia. Claro está, que no fue mérito exclusivo de Versailles, aunque éste fuera su representante más espectacular.
Planta baja del palacio donde se muestra el castillo original (negro) y l'Enveloppe (marrón).

Nueva fachada hacia el jardín, emblema del Barroco Clasicista francés.

En lo que respecta la distribución del palacio, Le Vau situó las estancia reales en el nuevo edificio y siguiendo la estricta simetría típica de la época: el norte el llamado Appartement du Roi, al sur el Appartement de la Reine. Entre ellos se abrió una amplia terraza que permitía contemplar el nuevo jardín. La terraza, muy en línea con la influencia de las villas italianas, era, no obstante, poco adecuada si se pretendía usar Versailles como algo más que una residencia de campo, aunque probablemente Le Vau no lo sabía.
Planta del piano nobile según el proyecto original de Le Vau (1670). 1- Patio original del antiguo castillo (más tarde llamado Cour de Marbre); 2- Escalier des Ambassadeurs; 3-10- Appartement du Roi; 3- Vestíbulo; 4- Salon de Diane (Sala de Guardias); 5- Salon de Mars (Primera Antecámara); 6- Salon de Mercure (Segunda Antecámara); 7- Salon d'Apollon (Cámara del Rey); 8- Salon de Jupiter (Gabinete del Consejo); 9- Salon de Saturne (Gabinete); 10- Salon de Vénus (Pequeña Cámara); 11- Terraza; 12- Petit Appartement du Roi (usado para alojar sus colecciones de pintura y objetos preciosos); 13- Posible appartement de la Marquesa de Montespan, amante del Rey; 14- Petit Appartement de la Reine; 15-21- Appartement de la Reine; 15- Pequeña Cámara; 16- Gabinete; 17- Gran Gabinete; 18- Cámara de la Reina; 19- Segunda Antecámara; 20- Primera Antecámara o Antichambre du Grand Couvert (dónde la Familia Real cenaba en público); 21- Sala de Guardias; 22- Escalier de la Reine; 23- Capilla Real; 24- Antiguo pabellón de los establos; 25- Antiguo pabellón del servicio y cocinas. 
Vista de la fachada del jardín de Versailles hacia 1675, en ella se aprecia la amplia terraza de Le Vau. 

Las estancias del Rey y las de la Reina poseían entradas independientes: una amplia escalera de mármol, típico elemento de los palacios barrocos. La de la Reina recibió el nombre de Escalier de la Reine, pero la del Rey se llamó pomposamente Escalier des Ambassadeurs, pues los embajadores extranjeros la usarían al asistir a las audiencias regias.

Aunque seguramente Le Vau concibió ambas escaleras jamás las vio empezar, muerto en 1670, fue substituido por su discípulo François d’Orbay. Durante ocho años, D’Orbay siguió escrupulosamente las directrices de su difunto maestro y en 1672, en colaboración con el pintor y decorador Charles Le Brun, se empezó la suntuosa Escalier des Ambassadeurs. Pero en 1678, D’Orbay fue substituido por un joven de apenas treinta años, Jules-Hardouin Mansart. Mansart iba a dominar la arquitectura francesa durante más de treinta años, y a él se deben las partes más espectaculares de Versailles.

El nuevo arquitecto decidió eliminar la terraza de Le Vau y construyó en su lugar una larga galería que unía las estancia del Rey y las de la Reina, era la famosa Galerie des Glaces. Por aquel entonces el presupuesto destinado al palacio era diez veces superior al que, apenas unos años antes, había recibido el Louvre.

Una vez terminada la obra, la nueva Escalerier des Ambassadeurs empezó a recibir su suntuosa decoración. Pero a priori, lo que más sorprendía era lo espaciosa que era. Durante la Edad Media las escaleras interiores eran de caracol (como en el Château de Blois), durante el Renacimiento se empezaron a hacer en tramos rectos y se llamaron escaleras “à l’italienne” (como en el Palais du Louvre), pero no dejaron de estar encajadas entre dos muros hasta el Barroco. Las nuevas escaleras “à la française” se desarrollaban espaciosamente en amplios volúmenes cuadrados o rectangulares y dos de sus primeros ejemplos fueron la escalera del Château de Maisons (1640-1649) y la del Hôtel de Ville de Lyon (1658-1667).
Planta de la escalera que muestra el elaborado pavimento de mármol.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

La escalera de Versailles seguía el tradicional esquema decorativo de los palacios barrocos, en los que los vestíbulos tenían un aspecto más mineral y primaba lo monumental por encima de lo exuberante. Presentaba una parte baja formada por arcadas y decorada con dibujos geométricos hechos con mármol rojo veteado de Rance (el que más se utilizó en Versailles), mármol verde de Campan y mármol grisáceo de Languedoc. Desde la planta baja arrancaba la escalera, que era del tipo “à l’impériale”, es decir con un tramo central que luego se bifurcaba para seguir en direcciones distintas. El primer piso se organizaba a través de pilastras jónicas que alternaban con bajorrelieves, pinturas, trampantojos y puertas (muchas de ellas falsas). Una bóveda decorada con arquitecturas ficticias cubría la estancia. Pero como la escalera carecía de ventanas estaba iluminada de forma cenital a través de una gran cristalera. Fue una de las primeras estancias en Europa en iluminarse de este modo, cosa que causó una honda impresión a todos los visitantes, pues este tipo de iluminación no se generalizó hasta finales del siglo XVIII. Asimismo, la claraboya proyectaba una luz un tanto irreal sobre la estancia que aumentaba su magnificencia, pero eso no impidió que hubiera constantes problemas de infiltración de agua.
Maqueta de la Escalier des Ambassadeurs realizada por Charles Arquinet en 1958.

Gravado del muro donde se sitúa la entrada hecho por Louis Surugue.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Hervé Lewandowski.

La iconografía de la decoración también fue primorosamente seleccionada. El tema central era la Guerra de Holanda (1672-1678), que había sido una gran victoria para el Rey Sol. Charles Le Brun diseñó y Adam van der Meulen pintó cuatro paneles que imitaban unos tapices y en los que figuraban la Toma de Valenciennes (17 marzo 1677), la Batalla de Kassel (11 abril 1677), la Rendición de Cambrai (19 abril 1677) y la Toma de Saint-Omer (22 abril 1677). En los rellanos superiores, dos hornacinas con voluminosos trofeos militares esculpidos por Antoine Coysevox hacían referencia, también, a la exitosa campaña.
Fresco que imita un tapiz representando la Rendición de Cambrai ante Louis XIV, diseño de Charles Le Brun.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

La escena fue en realidad pintada por el famoso pintor de batallas Adam van der Meulen (1632-1690).

Gravado de Surugue que representa uno de los dos trofeos esculpidos por Antoine Coysevox.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

Pero más allá de la Guerra de Holanda, la iconografía hacía referencia a algo más eterno, la pretensión de Louis XIV  de convertir Versailles en un nuevo axis mundi en el que confluyeran todos los pueblos de la tierra para observar la magnificencia del monarca. No debemos olvidar que a partir del reinado de Louis XIV, los tratados de paz, que hasta entonces se habían redactado en latín, empezaron a ser escritos en francés. Así pues, los cuatro continentes entonces conocidos (Europa, África, Asia y América) aparecían representados en forma de alegorías en los cuatro ángulos del fresco del techo. Del mismo modo en las paredes del primer piso se habían pintado cuatro trampantojos que simulaban columnatas y pórticos, y de las pinturas emergían distintos personajes, que apoyados en balaustradas ficticias, contemplaban la llegada de los nuevos embajadores. De ese modo los recién llegados recorrían un espacio que recordaba las cortes exuberantes y multinacionales del Emperador de Roma o del Sultán de Constantinopla.
Gravado de la bóveda que reproduce la "Alegoría de Asia".
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

Gravado que reproduce el trampantojo de las "diferentes naciones de Asia".
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

El conjunto se remataba con el busto de Louis XIV situado encima de la fuente central, justo enfrente de la entrada. El busto realizado por Jean Varin fue substituido hacia 1693 por otro, juzgado de mejor calidad, de Antoine Coysevox; en ambos el Rey vestía una armadura y una toga romana.
Busto de Louis XIV realizado, en 1681, por Antoine Coysevox que substituyó al de Varin en lo alto de la escalera.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

Muy usada durante el reinado de Louis XIV, la Escalier des Ambassadeurs sirvió de entrada de ceremonia para embajadores y otros dignatarios que eran recibidos por el Rey Sol en el llamado Salon d’Apollon, en el caso de audiencias ordinarias, o en la Galerie des Glaces, en el caso que fueran extraordinarias.

A lo largo del siglo XVIII, la escalinata fue cayendo en desuso, siendo poco a poco suplantada por la vecina Escalier de la Reine. Por otro lado, el Versailles de Louis XV (1715-1774) prefirió la comodidad a la monumentalidad. A finales de los años 40, un pequeño teatro de corte fue instalado en el espacio central de la escalera. En él la Marquesa de Pompadour encandiló a su regio amante hasta que, en 1752, éste decidió eliminar la escalera para poder construir un appartement en el primer piso para su hija favorita, la princesa Adélaïde de France. Solo la belleza de las nuevas estancias puede disculpar la desaparición de la Escalier des Ambassadeurs.

No obstante, a pesar de su ausencia, la monumental escalera del Rey Sol proyectó una larga sombra en la arquitectura historicista del siglo XIX y varias fueron sus replicas. La más famosa y fidedigna de todas se encuentra en Herrenchiemsee (1878-1886), el fastuoso palacio que el fascinante Ludwig II de Baviera construyó a imitación de Versailles. La otras dos grandes copias fueron la del desaparecido Palais Albert de Rothschild (1879-1884) en Viena y la del, también desaparecido, Palais Rose (1896-1902) que el dandy Boni de Castellane construyó en Paris.
La Prunktreppenhaus de Herrenchimsee, versión corregida y aumentada tan típica del siglo XIX.

Copias menos fidedignas pero igualmente relevantes (y conservadas) son las de la Oldway Mansion (1904-1907) en Paignton (Reino Unido) y la del Palais d’Egmont (1906-1910) en Bruselas.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Chez moi: la Chambre de l'Impératrice.

La Chambre de l'Impératrice en el Grand Trianon (1688 y 1691) Jules-Hardouin Mansart.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) / Gérard Blot.

Cuando en 1687, Louis XIV empezó a construir en los jardines de Versailles el llamado Trianon  de Marbre (ahora conocido como el Grand Trianon), tenían clara una cosa: que “Versailles sería para la Corte, Marly para los amigos y el Trianon para la familia”.

El nuevo Trianon de Marbre venía a substituir el exuberante y exquisito Trianon de Porcelaine, que recubierto de fayenza pintada se había deteriorado rápidamente a causa de las inclemencias meteorológicas. Pero el objeto del nuevo Trianon era mucho más simbólico, si el viejo representaba la voluptuosidad de la segunda amante del Rey, la Marquesa de Montespan, el nuevo exhibía el reinado de su tercera amante, la recatada Marquesa de Maintenon.
Vista del Trianon de Marbre pintada en 1722 por Pierre-Denis Martin.

El Péristyle que separa el ala sur del ala norte y que conecta el patio de entrada y el jardín.

Mientras el Rey se hacía mayor, Versailles se metamorfoseaba en un rígido templo solar. Pero Louis XIV también ansiaba calma, serenidad y estar con su familia. El nuevo Trianon de Marbre debía servir para esto. El nuevo edificio, de una sola planta, poseía largas alas que se adentraban en el jardín; sus interiores eran amplios, luminosos y serenos, pintados de color blanco y alejados de fastuosa saturación cromática de Versailles, asimismo, los grandes ventanales no sólo permitían la entrada de luz sino la comunicación directa con el jardín circundante. El Rey, sus familiares y algunos cortesanos escogidos visitaban el palacete sobre todo por la tarde, durante los meses primaverales con el jardín repleto de flores fragantes; se dice que en una ocasión, a causa del intenso olor de los nardos del jardín, el Rey y su séquito tuvieron que dejar el Trianon después del almuerzo.

Louis XIV habitó tres appartements (o aposentos) distintos en el palacete. El segundo de ellos fue el que más tiempo habitó (concretamente de 1691 a 1703) y se situaba en el ala sur, cara al jardín, justo a la izquierda del peristilo de entrada. El Second Appartement du Roi se componía de seis estancias: una sala de guardias, una primera antecámara usada como comedor y capilla, una segunda antecámara, una cámara (separada de la estancia anterior por dos columnas), un cabinet du conseil recubierto de espejos y con vistas al Grand Canal y un pequeño cabinet privé.
Planta de Grand Trianon hacia 1714. El Second Appartement du Roi: 1- sala de guardias; 2- primera antecámara y capilla anexa; 3- segunda antecámara; 4- cámara del Rey; 5- cabinet du conseil; 6- cabinet privé.

El cabinet du conseil, hoy en día llamado Salon des Glaces.
© EPV- Christian Milet.

El Rey habitó este appartement hasta que en 1703 se trasladó al ala norte, todas las estancias fueron atribuidas entonces a su hijo Louis, el Grand Dauphin. Durante el reinado de Louis XV (1715-1774), fue su esposa, la reina Marie Leszczynska, la que habitó las estancias, iniciando la costumbre de atribuirlas a las esposas de los monarcas.

Después de la Revolución y de la venta de todo el mobiliario, fue Napoléon I quien salió en auxilio del palacete, encargando, en 1805, que fuera restaurado y reamueblado para usarlo como residencia privada de verano. Su madre, Letizia Ramolino, se alojó inicialmente en los aposentos del ala sur hasta que en 1810 fueron cedidos a la flamante nueva emperatriz de Francia, Marie-Louise de Habsburgo. A partir de entonces, el aposento sería conocido como el Appartement de l’Impératrice, y su suntuoso dormitorio como la Chambre de l’Impératrice.
Fotografía de principios de siglo XIX. Durante el periodo napoleónico se añadió un tabique (izquierda) separando la cámara de la antecámara precedente, entonces usada como gabinete. El tabique fue eliminado durante las reformas de los años 60. 

Suntuoso mobiliario hecho para Letizia Ramolino en 1805, obra de Jacob-Desmalter.

Pasada la Restauración Borbónica, el Grand Trianon no recibió nuevos inquilinos hasta 1837, cuando el rey Louis-Philippe I (1830-1848) transformó el palacio de Versailles en un museo y se reservó el Trianon para él y su familia. Nuevamente fue una esposa, la reina Marie-Amélie, la locataria de las estancias. Fue entonces cuando la Chambre de l’Impératrice recibió su más preciado mueble, la suntuosa cama que aún hoy podemos ver. Creada en 1809, para el dormitorio de Napoléon I en el Palais des Tuileries de Paris, la cama sirvió a su sucesor el rey Louis XVIII (1815-1824), que en ella murió en setiembre de 1824. La muerte de Louis XVIII en esta cama tiene una particularidad, pues al monarca fue sucedido por su hermano que se convirtió en Charles X (1824-1830). Desde esta fecha hasta febrero de 1906 no hubo en Francia ninguna sucesión regular y legal en la jefatura de estado, en más de medio siglo hubo revoluciones, derrocamientos, asesinatos, muertes súbitas, dimisiones y otros escándalos. Volviendo a la cama, después de algunos remozamientos ésta fue instalada en el Trianon en 1837, para servir de cama conyugal a la pareja real (siguiendo las modas burguesas de entonces). Pero en realidad, el Rey jamás compartió cama con su esposa, prefiriendo dormir en unas pequeñas estancias anexas que antes habían sido ocupadas por el servicio.
La cama de Napoléon I en el Palais des Tuileries (1809) de Jacob-Desmalter.
© Château de Versailles, Dist. RMN - © Jean-Marc Manaï.

El rey Louis-Philippe, su esposa la reina Marie-Amélie y sus hijos e hijas habitaron el Grand Trianon hasta la Revolución de 1848 y son, hasta la fecha, la última familia real que vivió en Versailles (aunque no en el palacio principal, claro).

Un nuevo soplo de vida llegaría al Grand Trianon en 1963 cuando el presidente Charles de Gaulle decidió utilizarlo como residencia de los huéspedes de prestigio. El Appartement de l’Impératrice fue designado como el aposento de los invitados y en él se alojaron, entre otros, el rey Hassan II en 1963, Richard Nixon en 1969, Leonid Brezhnev en 1971, la reina Elizabeth II en 1972 o Boris Yelstin en 1992. No obstante ninguno de ellos durmió en la Chambre de l’Impératrice, todos ellos declinaron el ofrecimiento y prefirieron dormir en el antiguo dormitorio de Louis-Philippe I, mucho más cómodo y acogedor. Se dice que solo hubo una excepción, la del Sah de Irán, que residió en el Trianon en junio de 1974.
Sala de baños sesentera llamada "de loupe d'orme".
© Flickr / Ganymede2009.

sábado, 1 de febrero de 2014

Un Certain Regard: un échevin.

Portrait d'un échevin (1703) de Nicolas de Largillière, Detroit Institute of Arts.
Magnífica muestra de la habilidad de Largillière para retratar (junto con Rigaud) los grandes señores de la Francia de finales del reinado de Louis XIV (1643-1715) e inicios del de Louis XV (1715-1774).

domingo, 5 de enero de 2014

Pintar con el corazón.

Desde finales del Imperio Romano, fue costumbre embalsamar los restos mortales de monarcas y grandes señores, práctica íntimamente asociada al Cristianismo, pues, recordemos que en la Antigua Roma lo más habitual era la incineración.

Siglos más tarde empezó a practicarse también el entierro por separado del corazón. Extraído del cuerpo del fallecido, el corazón era también debidamente embalsamado y enterrado con gran respeto; razón: la muy antigua creencia que identificaba el corazón como el órgano que contenía el alma y la consciencia. Pero también había otra razón más prosaica: con la dispersión de los restos del difunto entre varias instituciones, más religiosos orarían por la salvación de su alma. Generalmente se suele identificar a los emperadores germánicos Otto I († 973) y Heinrich III († 1056) como los primeros monarcas en seguir dicha práctica.
La Herzgruft (Cripta de los Corazones) en la Augustinerkirche de Viena, donde se guardan los corazones de la dinastía de los Habsburgo.

En el Reino de Francia, el lugar tradicional de entierro de los monarcas fue siempre la Abadía de Saint-Denis, mientras que los corazones fueron inhumados en distintos lugares, aunque a partir del siglo XVII, los corazones de los reyes fueron a la iglesia de Saint-Louis des Jésuites (actual iglesia de Saint Paul – Saint Louis) y los de las reinas y otros miembros de la familia real a la iglesia de Val-de-Grâce. Los protocolarios y barrocos funerales regios se mantuvieron hasta la Revolución Francesa, aunque, como anécdota quizás quepa destacar que cuando Louis XV murió en 1774, el cortejo fúnebre tuvo que viajar de Versailles a Saint-Denis de noche para evitar los abucheos o que a la muerte del delfín Louis-Joseph (hijo mayor de Louis XVI y Marie-Antoinette) en junio de 1789 se tuvo que organizar un funeral muy modesto a causa de la profunda crisis financiera que atravesaba la Corona.
Mausoleo de Louis XII y Anne de Bretagne en Saint Denis (1515).

Efigies de Henri II y Catherine de Médicis (1573) en el interior de su mausoleo. © Ministère de la Culture - Médiathèque du Patrimoine, Dist. RMN-Grand Palais / René-Jacques.

Después de la caída monarquía francesa en agosto de 1792 y de la instauración del Terror, se procedió a una eliminación de los símbolos de la realeza: el mobiliario de las residencias reales fue vendido en subasta, los tronos quemados, las estatuas de los monarcas fundidas y en octubre de 1793, el gobierno “terrorista” decretó la completa destrucción de las tumbas regias de Saint-Denis. Durante el mes de octubre y enero siguiente se procedió a abrir una a una las tumbas para sacar los cuerpos momificados y tirarlos a una fosa común, se abrieron más de 150 tumbas, entre ellas las de Louis XIV, Catherine de Médicis o Saint-Louis. Los monumentos artísticamente relevantes (esencialmente los de finales de la Edad Media y del Renacimiento) fueron conservados, el resto no.
Versión light de la profanación de los sepulcros reales pintada por Hubert Robert.
Versión menos light que muestra la exhumación de Henri IV, primer Borbón que se sentó en el trono francés. Su cuerpo se encontró en un perfecto estado de conservación a pesar de haber muerto en 1610; en cambio, el de Louis XV (muerto en 1774) produjo unos hedores insoportables. Obra pintada por Jean-Baptiste Mauzaisse en 1844. © RMN-Grand Palais (Château de Pau) / René-Gabriel Ojéda.

Lo mismo ocurrió en las iglesia de Saint-Louis des Jésuites y en Val-de-Grâce con los relicarios que contenían los corazones. Pero a diferencia de los cuerpos, los corazones fueron especialmente apreciados por los pintores, pues contenían una substancia llamada “mummie”, mezcla de las substancias de embalsamar y de la propia materia orgánica del cuerpo, que, usada como barniz en los cuadros les daba un acabado sobrenatural. Hasta entonces la “mummie” se había podido adquirir a precio de oro a través de mercaderes del Mediterráneo Oriental que la conseguían de los cuerpos de judíos enterrados en Oriente Próximo.

Así pues, en otoño de 1793, el arquitecto Louis François Petit-Radel, encargado de desmantelar y revender los relicarios, llamó a sus colegas pintores para que pudieran adquirir la materia. El pintor Saint-Martin se llevó los corazones de Louis XIII y Louis XIV (que era el más grande de todos), y su amigo Martin Drolling, en Val-de-Grâce, adquirió once corazones pertenecientes entre otros a Anne d’Autriche (madre de Louis XIV y hermana de Felipe IV de España), Marie Thérèse d’Autriche (esposa de Louis XIV y hermanastra de Carlos II de España) y de Louis, Duque de Borgoña (hermano mayor de Felipe V).

El pintor Saint-Martin dudó durante largo tiempo en usar tan preciado y macabro material pero finalmente se decidió a usar una pequeña porción del corazón de Louis XIV. En 1815, con la Restauración Borbónica y la subida al trono de Louis XVIII (hermano del decapitado Louis XVI) se iniciaron pesquisas para saber el paradero de los restos regios. Saint-Martin decidió entonces retornar los corazones y el Rey le recompensó con una pitillera de oro.
Armario de los corazones en Saint-Denis, con algunos de los restos recuperados durante la Restauración Borbónica. http://stephane.thomas.pagespro-orange.fr/

Corazón de Louis XVII (hijo de Louis XVI y de Marie-Antoinette) inhumado en Saint-Denis en...¡2004!

Martin Drolling tuvo menos escrúpulos y utilizó la totalidad del material comprado en Val-de-Grâce, pero a pesar de la “mummie” su obra jamás fue apreciada por el público, y vivió toda su vida de forma humilde rayando la pobreza. Finalmente, en 1817, consiguió que su única obra que hemos conservado fuera expuesta en el prestigioso Salon de peinture et de sculpture. Desafortunadamente murió antes que abriera el certamen y que el público pudiera admirar su obra.

La obra en cuestión es una pintura costumbrista llamada Intérieur d’une cuisine, y actualmente se encuentra expuesta en el Louvre. Es en ella donde, al parecer, se encuentran los corazones de las reinas, príncipes y princesas de Francia. 
Intérieur d'une cuisine (circa 1815) de Martin Drolling, Musée du Louvre.