martes, 11 de febrero de 2014

Ut Pictura Poesis: Corrado Giaquinto en el Palacio Real.

Para la finalización del Palacio Real Nuevo de Madrid (empezado en 1737), fueron llamados a la Corte numerosos pintores españoles y extranjeros, entre los más significativos cabe destacar a Giambattista Tiepolo (1696-1770), emblema de la exuberancia tardo-barroca y a Anton Raphael Mengs (1728-1779), abanderado de la serenidad neoclásica. Pero frente a estos dos grandes pesos pesados de la pintura dieciochesca, el italiano Corrado Giaquinto (1703-1766) quedó en un segundo plano a pesar de su larga trayectoria y dilatada experiencia.
Fachada principal (sur) del Palacio Real Nuevo de Madrid.

El Palacio Real y la Calle de Bailén (1830) de Fernando Brambilla.

Nacido en el pequeño puerto de Molfetta en 1703, la juventud de Corrado Giaquinto estuvo a caballo de Nápoles y Roma. En Nápoles fue discípulo Francesco Solimena, representante de un espeso barroco “a la Rubens” pero mucho más lleno de claroscuros. A partir del 1727, se instaló en Roma, donde entró en contacto con las corrientes del barocchetto romano representadas por Sebastiano Conca y opuestas a la estela dejada por la “gran maniera” de Carlo Maratti y Pietro da Cortona. Partió a Turín en 1733 donde pudo entrar en contacto con la colorista pintura veneciana y con la influencia rococó francesa, prueba de ello son los sobrepuertas realizados para la Villa Regina con las historias de Eneas. A su vuelta a Roma recibió dos importantes encargos el papa Benedetto XIV (1740-1758): los frescos de San Giovanni Calibita (1742) y de Santa Croce in Gerusalemme (1743). Estas obras supusieron la consagración de Giaquinto como pintor de frescos, su habilidad para cambiar y mezclar registros e influencias dio como resultado pinturas espectacularmente grandilocuentes pero también llenas de color, viveza y energía. Su primer encargo para la corona española fue el cuadro de altar de la iglesia de Santissima Trinità degli Spagnoli (iglesia nacional española en Roma) a finales de la década de los 40. En 1753 se le invitó a ir a Madrid, donde, muy bien recibido (quizás por la influencia de Farinelli), supervisó la producción de tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara y restauró el fresco de Luca Giordano en el palacio del Buen Retiro, cosa que le permitió entrar en contacto con las fluidas composiciones del maestro. Finalmente, en 1756, se le encargó pintar el techo de la Capilla Real del Palacio Real Nuevo.
Espeso estilo barroco de Francesco Solimena en La Real Cacería de Dido y Eneas (circa 1712-1714), Museum of Fine Arts, Houston.

Influencia del rococó francés en Venere consegna le armi ad Enea (circa 1735) de la Villa Regina de Turín.

Frescos de Santa Croce in Gerusalemme (1743) en Roma.

Por lo tanto, años más tarde, en 1759, cuando llegó el nuevo rey de España, Carlos III, se encontró el llamado Palacio Real Nuevo, en su última fase de finalización. Con la construcción ya terminada, las tareas de acondicionamiento, decoración y “acabados” se alargaron hasta bien entrados los años 60. Pero además de sus ideales ilustrados y reformistas, Carlos III trajo de Nápoles un arquitecto, Francesco Sabatini, cuyo trabajo esmerado y racional debía poner fin a la lenta construcción y a la más larga polémica arquitectónica del Palacio Real: la de las escaleras.

El proyecto original de Sachetti preveía la construcción de dos monumentales escaleras, una para el Rey, otra para la Reina, pero el problema vino cuando se tuvo que decidir la composición y la forma de la escalera y la estructura de la caja. Fue durante finales del reinado de Felipe V  (1700-1746) y todo el de Fernando VI (1746-1759) cuando se debatió y re-debatió el proyecto de Sachetti, hasta el punto de llegarse a consultar a los insignes arquitectos italianos Luigi Vanvitelli y Ferdinado Fuga. Finalmente, se aprobó el proyecto de Sachetti que preveía la construcción de las dos escaleras según una compleja composición a base de seis rampas (cuatro en la misma dirección y dos en la dirección contraria).
Recreación del proyecto de Sachetti (1747) para la Escalera del Rey.

Pero a la llegada de Carlos III solo se habían construido las cajas de las escaleras a base de amplios arcos y ventanales; de columnas corintias y de un techo con claraboyas, casetones y motivos rocaille que enmarcaban un gran fresco central. Pero en nuevo monarca decidió una vez más cambiar el proyecto y Sabatini concibió una escalera “a la imperial” mucho más sencilla pero más monumental. Es importante remarcar que Sabatini era discípulo de Luigi Vanvitelli, célebre arquitecto tardo-barroco italiano que había construido la mayor escalinata de Europa, la de la Reggia di Caserta, palacio encargado por Carlos III mientras fue Rey de Nápoles (1737-1759). Por otro lado, Carlos III cambió la distribución de sus aposentos y encargó que se construyera sólo una escalera. Paradójicamente se construyó la Escalera de la Reina (actual Salón de Columnas) mientras que la caja de la Escalera del Rey (actual Escalera Principal) se destinó a salón de baile.
Escalera de la Reina (actual Salón de Columnas).
Escalera del Rey (usada como salón de baile bajo Carlos III) fotografiada por Laurent a finales del siglo XIX.

El salón de baile de Carlos III se convirtió en Escalera Principal bajo Carlos IV.

Todas estas trasformaciones arquitectónicas no afectaron en absoluto a Corrado Giaquinto que fue el encargado de pintar entre 1759 y 1762 los frescos de ambas cajas con su característica alegría cromática y fluidez compositiva, en la Escalera de la Reina se pintó El Nacimiento del Sol y el Triunfo de Baco y en la Escalera del Rey España rinde homenaje a la Religión y a la Fe.
El Nacimiento del Sol y el Triunfo de Baco en la Escalera de la Reina (actual Salón de Columnas).

Boceto de El Nacimiento del Sol y el Triunfo de Baco (1761) en el Museo del Prado.

España rinde homenaje a la Religión y a la Fe en la Escalera del Rey (actual Escalera Principal).

Boceto de España rinde homenaje a la Religión y a la Fe (1759) en el Museo del Prado.

Años más tarde, al subir al trono en 1788, Carlos IV, mandó trasladar la escalera del actual Salón de Columnas (antigua escalera de la Reina) al actual espacio de la Escalera Principal.
Planta del Palacio Real según el proyecto de Sachetti (1747) con ambas escaleras. En rojo, la ruta de acceso a los aposentos de Carlos III (1764), y en verde la ruta de acceso a las estancias de Carlos IV (1788).

Corrado Giaquinto fue, como ya hemos dicho, responsable de la decoración de la Capilla Real, situada en el centro de la fachada norte y en clara alineación con el Salón del Trono, situado en la fachada sur (la conexión era clara, el altar y el trono, la Iglesia y la Monarquía o Dios y el Rey). La Capilla Real, iniciada en 1750 por Ventura Rodríguez, pudo recibir a partir de 1756 los frescos de Giaquinto.
Frescos de Corrado Giaquinto (1756) en la cúpula de la Capilla Real.

Boceto de La Santísima Trinidad, la Virgen y los Santos (1755-1756) en el Museo del Prado.

Boceto de la Gloria de los Santos (1755-1756) en el Museo del Prado.


Boceto de El Paraíso (1755-1756) en el Museo del Prado.

La llegada de Mengs en 1761 y de Tiepolo en 1762 ensombreció la exitosa carrera de Giaquinto, que en 1762, por problemas de salud, pidió partir a Nápoles. Parece ser que su intención era volver a Madrid, pero la muerte le sorprendió en la ciudad italiana en 1766.

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