domingo, 15 de julio de 2018

Habitar el Palacio Real III - José I


La imagen que se tiene de José I es la de un soberano a la sombra de su todopoderoso hermano que tras perder la guerra huyó a Francia arramblando todo lo que pudo antes de partir. El famoso Equipaje de José Bonaparte, que incluida pinturas, preciados libros y hasta planta exóticas del Jardín Botánico, fue en su mayor parte recuperado (abandonado) tras la Batalla de Vitoria.

José I también tiene el honor de haber perpetrado el mayor robo de la historia de España, el de las joyas de la Corona en 1808, que desaparecieron sin dejar rastro, aunque, una vez más, vemos la poderosa mano de su hermano en tales maquinaciones. Asimismo, a finales de su corto reinado, el soberano también tuvo que echar mano de las vajillas y objetos litúrgicos del Palacio Real para poder pagar el sueldo de sus tropas.

En resumen, una imagen poco halagüeña.

El flamante nuevo rey de España, José I, pintado por Flaugier en 1809.

CONSIDERACIONES GENERALES

Por las condiciones en las que se desarrolló, la corte de José I por fuerza no pudo alcanzar el esplendor de otros estados satélites del Imperio francés. Las cortes de Nápoles, Milán, Kassel o Ámsterdam ejemplifican claramente una exportación del boato francés. Todas ellas se caracterizaron por una exquisita puesta en escena y un mecenazgo que, con frecuencia, seguía las directrices de Charles Percier y Pierre-François-Leónard Fontaine, gurús y dictadores artísticos del momento. Pero este no fue el caso de la corte napoleónica española.

En primer lugar, dada la situación de caos y guerra que vivía el país, la corte no pudo desarrollar una rutina regular. José Bonaparte no utilizó ninguno de los Reales Sitios que rodeaban la capital. Por cuestiones de seguridad, habitó únicamente en el Palacio Real de Madrid, alternando con la Casa de Campo y, con mucha menos frecuencia, con La Moncloa. Tras la derrota de Bailén, el soberano también se alojó brevemente en El Pardo en diciembre/enero de 1808-1809, antes de reinstalarse en la Palacio Real.

Paralelamente, la situación económica no favoreció la realización de grandes encargos suntuarios ni de redecoraciones completas, aunque eso no impidió que José Bonaparte realizara pequeñas transformaciones según sus gustos. Para solventar las estrecheces presupuestarias, el Palacio Real se alhajó con pinturas provenientes de El Escorial, objetos varios de Aranjuez y, para darle un aire más moderno, con muebles del palacio de Buenavista, residencia de Godoy en la que, sin embargo, jamás llegó a residir.

Curiosamente, Buenavista había sido destinado a albergar el Museo Josefino y allí habían ido a parar varios cuadros de los Reales Sitios y todos aquellos almacenados con anterioridad en el Buen Retiro.

Si bien la vida de corte de época de José I fue de todo menos activa y regular, cogiendo el manual de etiqueta imperial, es posible deducir el uso que se le quiso dar a las distintas estancias, en comparación con los rituales cortesanos de las Tullerías y St-Cloud. También es fundamental el artículo de José Luis Sancho “El Palacio Real de Madrid, residencia de José I Napoléon”, en el que desgrana la distribución y las distintas intervenciones decorativas que se realizaron en ese periodo (Anales del Instituto de Estudios Madrileños, 56, 2016).

La planta principal de Palacio Real josefino. En naranja el Grand Appartment, en azul el Cuarto del Rey, en verde la Biblioteca del Rey y en rosa el Cuarto de la Reina.


GRAND APPARTEMENT

Todas las estancias cara a la plaza de la Armería más los salones posteriores, es decir, lo que fueron las salas principales del cuarto de Carlos IV y del príncipe Asturias, quedaron destinadas a grandes recepciones.

1- ESCALERA PRINCIPAL y 2- SALA DE GUARDIAS

3- SALÓN DE CONCIERTO

A igual que las Tullerías, también el Palacio Real disfrutaba de un inmenso salón para grandes festejos públicos. En abril de 1812 se encargaron sesenta sillas para esta sala, pero nunca llegaron a ser entregadas y, probablemente, ni siquiera empezadas.

El Salón de Concierto (actual Salón de Columnas).

4- SALA DEL CONSEJO DE ESTADO

La antigua Cámara de Carlos III y luego de su nieto el príncipe Fernando, seguía decorada con los elaborados muebles rocalla, no con las colgaduras de seda, que aún no habían salido de la fábrica.

Desde inicios de 1801, colgó en esta sala del famoso retrato de Napoléon cruzando los Alpes, encargado por Carlos IV al célebre pintor Jacques-Louis David. José I se llevó el cuadro consigo al abandonar Madrid en 1813.

Napoléon cruzando los Alpes, obra destinada a la Cámara del Príncipe Fernando, también llamada "Sala de los Grandes Capitanes". Actualmente se encuentra en le castillo de la Malmaison.

De marzo a noviembre de 1809, la estancia se destinó al Consejo de Estado y en ella se instaló una gran mesa semicircular cubierta de terciopelo verde, sesenta sillas con cojines amarillos y un sillón para el rey. Las paredes se tapizaron en seda verde. En noviembre el Consejo de Estado y sus muebles se trasladaron en la planta baja.

5- SALÓN DEL TRONO O DE EMBAJADORES

Más allá de la substitución de los pedestales de madera por otros de mármol, no se registraron transformaciones notables en el salón, salvo, lógicamente, el cambio de los escudos del trono y del dosel.

El 22 de enero de 1809, José I fue formalmente proclamado en este salón, después de su entrada triunfal a Madrid. Los asistentes al acto fueron, en esencia, los miembros del ayuntamiento, dado que la mayoría de grandes y nobles del reino se excusaron “por enfermedad”.

José I entronizado. El trono es seguramente una fantasía
del pintor François Gérard, pues el soberano debió seguir usando el trono rocalla de Carlos III y Carlos IV.

6- SALÓN GRANDE

Tapizado de seda amarilla, seguramente mantuvo una función parecida a la que tuvo bajo el reinado de Carlos IV: un lugar para audiencias formales. En las Tullerías era habitual que tras la misa de los domingos los soberanos tuvieran “el círculo” (una audiencia formal) en el Grand cabinet de l’Empereur, situado más allá de la sala del trono.

CUARTO DEL REY

José I se instaló en este conjunto de habitaciones en mayo de 1809. Su appartement comprendía esencialmente los aposentos de la reina María Luisa y algunos gabinetes de Carlos IV en el ala de San Gil.
Es en este cuarto donde debían tener lugar los principales actos de la jornada del soberano.

7- ESCALERA DEL PRÍNCIPE

Debió ser el acceso habitual al primer piso del palacio y a los aposentos del rey.

8- ANTECÁMARA

El primer espacio del Cuarto del Rey debió estar destinado a la guardia real y a los ujieres.

9- SALÓN DE PAJES

Probablemente aquí esperaban los pajes y sirvientes, mientras sus señores pasaban a las siguientes estancias.

10- SALA DE BILLAR

Esta sala, ligeramente disconexa de la ruta de acceso a la enfilade del Cuarto del Rey, albergó una gran mesa de billar procedente del palacio de Buenavista. Dada su situación, seguramente sirvió a los oficiales del soberano, que tenían su comedor justo al norte.

11- PIEZA DE PASO

Posiblemente esta pieza sería el equivalente del salon du service de los palacios imperiales. Aquí esperarían los altos cargos de la Casa del Rey (de ahí lo de service), de las casas de otros miembros de la Familia Real (nadie en este caso), los arzobispos y obispos, los generales y los miembros del Consejo de Estado. El chambelán de diario es el que controlaría el acceso a esta pieza.

El tapissier-décorateur del Rey, Caillet, entregó en noviembre de 1809, doce sillas nuevas para esta sala.

12- GRAN SALÓN

Dado su tamaño, su lujo decorativo y su posición central, es la pieza más importante del Cuarto del Rey.

Los miembros de la Familia Real y los ministros tenían derecho de entrada en este salón, es decir, esperaban a ser recibidos aquí por el soberano. También podría haber sido el lugar donde se realizaban las presentaciones matutinas. Todo individuo, gremio o asociación podía solicitar ser presentado al rey.

En noviembre de 1809, Caillet libró veintiuna sillas nuevas para la estancia, seguramente una de más alta para el soberano.

El Gran Salón del Rey, antigua Pieza de Comer de la reina María Luisa (actual Comedor de Diario).
© Patrimonio Nacional.

13- (no aparece en los inventarios)

La suntuosa decoración neoclásica azul y blanca del antiguo tocador de María-Luisa permaneció intacta durante el periodo napoleónico.

En los palacios de Napoléon, después del grand salon con frecuencia había una tríada inseparable formada por el cabinet topographique destinado a la inspección de mapas, un cabinet privado para el soberano y un pequeño cabinet du secrétaire. Es posible que esta primera estancia sirviera de gabinete topográfico.

14- GABINETE DEL REY

Seguramente el antiguo dormitorio de los reyes fue el despacho de José I, sin modificaciones mayores a excepción de un mobiliario apto para su nueva función (probablemente de Buenavista) y de las librerías trasladadas desde el Ala de San Gil (ver más adelante).

15- GABINETE DE MADERAS FINAS

Esta pequeño e íntimo gabinete pudo ser usado por el propio soberano o por su secretario. En agosto de 1809 se realizó una puerta “secreta” que comunicaba con una escalera que descendía al entresuelo y a la planta baja, donde estaba la Secretaría de S.M.

16- DORMITORIO DEL REY

A finales de 1809, José I se instaló en su tercer y último dormitorio, estancia que antes fue el vestidor de Carlos IV.

El Dormitorio del Rey, antiguo vestidor de Carlos IV (actual Salón de Armas).
© Patrimonio Nacional.

Para el nuevo dormitorio del rey se encargó, a inicios de 1812, el conjunto de muebles más suntuosos de todo el periodo josefino, de estilo imperio y con incrustaciones de bronce. En total se realizaron:
  • una gran cama cubierta de gros de Tours (seda con gruesos ribeteados) blanco con un dosel blanco y azul coronado con plumas
  • otra cama pequeña tapizada con tafetán azul
  • una chaise-longue también con tafetán azul
  • dos divanes revestidos con tafetán amarillo
  • dos sillas de caoba
  • una pantalla de chimenea con terciopelo azul.
  • una mesa de caoba con tallas de bronce
  • seis candelabros de bronce decorados con cabezas de gallo y demás heráldica francesa
Las paredes y las cortinas de las puertas y las ventanas eran de tafetán amarillo. Las paredes se decoraron además con cuatro grandes espejos, que incorporaron sobrepuertas estilo neoclásico venidos de Buenavista que habían sido diseñados por Dugourc para Manuel Godoy.

El dormitorio del Emperador en el castillo de Compiègne, de un estilo parecido debieron ser los muebles de José I.

17- RETRETE, 18- BAÑO y 19- “GALERÍA NUEVA”

Como Carlos IV, José I también quiso tener cerca de su dormitorio su retrete y su baño.

El soberano encargó que todo fuera completamente remozado, las tapicerías de las paredes, las chimeneas, las cañerías y grifos, la bañera, etc. No es posible saber exactamente en qué pieza se encontraban, más allá de que estaban entre el dormitorio y la escalera principal. Dos estancias tenían un gran nicho en la pared, lo que hace suponer que el nicho más pequeño contendría el retrete y el más grande la bañera, pero todo es hipotético.

José I también hizo cerrar el pórtico que daba a la escalera con vidrieras, para así aislar estas estancias del ruido y del frío. La “galería nueva” adquirió entonces su nombre actual: “camón”, en decir, un lugar cerrado con mamparas de cristal. Dichas cristaleras fueron retiradas en 1884.

20- ANTIGUO DORMITORIO

En mayo de 1809, José I se instaló en el que sería su segundo dormitorio en el palacio. Esta estancia ya había servido con anterioridad a Carlos IV. En nuevo soberano no durmió en la misma cama que su antecesor, sino, en otra de nueva que llevaba utilizando desde inicios de año. Hacia noviembre de 1809, el dormitorio fue nuevamente trasladado al antiguo vestidor de Carlos IV (16).

Antes, durante o después de este traslado, la cama del soberano fue completamente retapizada en color verde y dotada de un nuevo dosel con dos postes/escudos con las armas de la España napoleónica.

21- COMEDOR PRIVADO y 22- SALÓN

Más o menos al mismo tiempo en que José I abandonó su dormitorio del Ala de San Gil, en otoño de 1809, se decidió transformar algunas piezas de esta ala en estancias privadas para una vida más mundana, al modo de los appartements privés que habían proliferado en los palacios barrocos desde mediados del XVIII.

Desde octubre de 1809, las librerías de las dos piezas más grandes de la biblioteca de Carlos IV fueron desmontadas y trasladadas, quizás al gabinete del rey (14). La decoración de las dos piezas se terminó solo a finales de 1811.

En el comedor se instalaron veinticuatro sillas (luego reducidas a doce), una araña proveniente de La Granja y un gran espejo con trumeu de Buenavista. Las paredes se tapizaron con seda color “leche fino”.

El salón se sabe que se decoró con varios cuadros y con cortinas color carmesí.

CUARTO DE LA REINA (y de Napoléon)

Para la esposa de José I, Julie o Julia Clary, se reservó todo el cuarto de poniente. Sin embargo, la soberana jamás llegó a pisar España, con lo que este grupo de estancias permaneció en gran medida desocupado.

La reina consorte de España, Julia Clary y sus dos hijas: Zénaïde y Charlotte.

Anteriormente, esta zona fue el cuarto de Carlos III y su madre Isabel de Farnesio (luego su hija la infanta María Josefa). En 1801-02, el cuarto se redecoró para acoger la príncipe Fernando y a su primera esposa, María Antonia de Nápoles.

En marzo de 1808, cuando las tropas francesas ocupaban la capital, el mismo Fernando VII, ordenó que dicho cuarto (el suyo propio) se preparara para alojar a Napoléon si venía a visitar Madrid. Napoléon vino, pero por entonces ya habían tenido lugar las abdicaciones de Bayona y el Dos de Mayo. El emperador llegó a Madrid en diciembre de 1808, pero prefirió alojarse en las afueras de la ciudad, en el palacio de la duquesa viuda de Pastrana en Chamartín.

El palacio de la duqueda viuda de Pastrana e Infantado, en Chamartín.
© Museo del Romanticismo.

Si que parece que Napoléon visitó el Palacio Real el 9 de diciembre y tomó un baño en el palacio, antes o después de recibir a los corregidores y notables de la villa.

Cuando José I se reinstaló en Madrid el 22 de enero de 1809, escogió como aposentos el cuarto de poniente, e incluso proyectó crear una terraza repleta de naranjos en el ala inacabada paralela a la de San Gil. Presumiblemente durmió en el antiguo dormitorio del príncipe Fernando, antes de Carlos III.

El monarca vivió poco en estos espacios, como sabemos se mudó al cuarto de Carlos IV y María Luisa en mayo de 1809. Sin embargo, el Cuarto de la Reina (a veces también llamado “del Emperador”) fue retocándose y remozándose con nuevos tapizados de muebles y paredes.

En el inventario de 1811, el cuarto se distribuía de una forma análoga al del rey:

23- Primera Antecámara; 24- Pieza siguiente; 25- Salón del servicio; 26- Gran Salón; 27- Otra cámara; 28- Sala de Porcelana; 29- Dormitorio de la Reina

28- EL BAÑO DE NAPOLÉON

El 9 de diciembre de 1808, los archivos de Palacio parecen indicar que Napoléon habría tomado un baño durante su visita al Palacio Real. Si bien no se conoce con exactitud la localización de ese baño, lo más probable es que se preparara en una bañera portátil en la Salita de Porcelana o en su trascuarto, donde el príncipe Fernando debía tener sus gabinetes de aseo.

La Salita de Porcelana.
© Patrimonio Nacional.

Una bañera de campaña, hecha de zinc, usada por Napoléon en Santa Helena.
© L'Adresse I.P.

Finalizada la visita de su hermano, José I dedicó gran atención a la instalación de un nuevo baño en la Salita de Porcelana o, más probablemente, en su trascuarto. Del palacio de Buenavista se trajeron la caldera, las tuberías y la bañera de mármol, al parecer hecha para la reina María Luisa pero luego trasladada al palacio de Godoy, seguramente por no ser del gusto de la soberana. Del cuarto de Carlos IV en La Granja se trajeron la grifería y el retrete. Todo ello se acompañó de un remozamiento del mobiliario de la Salita de Porcelana, terminando en marzo de 1810. 

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El ángulo noroeste del palacio se dedicó al “cuarto de las Princesas”, pero obviamente las hijas de José I tampoco llegaron a habitarlo. El “cuarto de la Gobernanta” estaba en el ángulo noreste.

En la planta baja se situaban el Consejo de Estado (en el ángulo suroeste), la Mayordomía (en el sureste) y la Secretaría (cara a la Plaza de Oriente).

No puede decirse ni que la vida de corte ni que la promoción artística josefinas fueran especialmente brillantes, dada la situación política y económica que vivía el país. Pero, por otro lado, pese a los expolios de platerías y joyas y al famoso equipaje de José I, el palacio que éste abandonó el 17 de marzo de 1813 estaba perfectamente alhajado y mantenido.