jueves, 19 de abril de 2018

Habitar el Palacio Real II/2 - María Luisa de Parma

EL CUARTO DE LA REINA

Las estancias de la reina María Luisa de Parma se situaban en el lado este (o levante) del palacio, por ello debían gozar de unas notables vistas sobre Madrid y sobre la antigua Casa del Tesoro y el Huerto de la Priora de época de los Austrias. Al contrario que el Cuarto del Rey, el de la reina se caracterizaba, ante todo, por sus decoraciones fijas, es decir, bajorrelieves, paneles estucados y boiseries.

María Luisa de Parma retratada por Goya hacia 1800.


Planta del Palacio Real bajo Carlos IV. En azul el Cuarto del Rey, en naranja la Biblioteca del Rey, en rosa el Cuarto de la Reina y en amarillo el Cuarto de los Príncipes de Asturias.

20- ESCALERA DEL PRÍNCIPE

Dicha escalera ya fue concebida por Sachetti como acceso principal e independiente al Cuarto de los Príncipes, de ahí que guardara el nombre. Aunque relativamente austera y pequeña comparada con la gran Escalera Principal, la Escalera del Príncipe se caracterizaba por su elaborada disposición de las rampas.

21- SALA DE GUARDIAS DE LA REINA

En la primera estancia del Cuarto de la Reina, poco podemos destacar de la decoración original.

22- ANTECÁMARA DE LA REINA O SALA DE LAS DAMAS

En esta estancia podemos ver como el tradicional esquema de antesala-sala-saleta-antecámara-cámara-gabinetes se va trastocando, en función de las necesidades del espacio y de los caprichos del comitente. El techo estaba decorado con un fresco de Maella representando El Tiempo descubriendo la Virtud y con cuatro medallones de las Estaciones del Año, todo rodeado de estucos rococó y datado del reinado de Carlos III.

En esta estancia estaban las camaristas (damas de cámara) de la reina que introducían, o filtraban, a los visitantes a los aposentos de la soberana.

Antecámara de la Reina (actual Sala de los Stradivarius).
© Patrimonio Nacional.

23- CÁMARA DE LA REINA O SALA DE BESAMANOS

Una vez más, vemos como esta estancia tiene funciones a priori antagónicas, sala y cámara, pero que demuestran el lento relajamiento del estricto ceremonial cortesano borgoñón. Antonio González Velázquez pintó la bóveda con Apolo y Minerva premiando los talentos y los cuatro frontones semicirculares y Sabatini se encargó de realizar los elaborados y monumentales estucos, todo ello en 1763.

Sin embargo, la cámara fue la primera pieza en ser completamente redecorada bajo María Luisa, alrededor de 1790-92. Manuel Muñoz de Ugena diseñó los nuevos trumeaux y chimenea estilo Louis XVI, además del mobiliario, que incluía consolas, la pantalla de la chimenea y un elaborado dosel con trono incluido para los besamanos de la soberana. Como nota sorprendente, toda la decoración textil y las tapicerías eran de color verde manzana.

Cámara de la Reina (actual Saleta de la reina María Cristina)
© Patrimonio Nacional.

Trono y dosel de la Reina para la Sala del Besamanos (1790-92), de Manuel Muñoz de Ugena.

Que esta sala, la del besamanos, se encuentre en un espacio relativamente pequeño y alejado del núcleo de habitaciones regias parece indicar que, a pesar de su suntuosidad, se trataba de un lugar más simbólico que práctico, un poco como la Presence Chamber inglesa, donde el trono meramente simbolizaba el soberano y su presencia ausente.

24- ORATORIO DE LA REINA

La pequeña pieza anexa presentaba una Virgen amamantando al Niño Jesús junto a San José de Andrea Vaccaro.

25- PIEZA DE COMER DE LA REINA

Era la estancia más grande del Cuarto de la Reina y la que recibió una decoración más monumental. Bajo el reinado de Carlos III, Francisco Bayeu pintó su mejor fresco en el Palacio Real: La Caída de los Gigantes. También a él se deben los cuatro medallones y los roleos de la parte superior de la cornisa. Como en la pieza precedente, a excepción del techo, todo lo demás fue redecorado por orden de María Luisa en 1790-91. Francesco Sabatini se encargó de diseñar los trumeaux y sobrepuertas con elaborados medallones y cariátides sobre los seis espejos, las seis puertas y las tres ventanas. Sabatini también diseñó las consolas y las rinconeras.

Pieza de Comer de la Reina (actual Comedor de Diario).
© Patrimonio Nacional.

Elaborados mármoles y estucos en la Pieza de Comer.
© María Luisa Tárraga Baldó / 2016 / Centre de recherche du château de Versailles.
En su origen, esta sala estaba pensaba para servir al besamanos, pero esta función se trasladó a la estancia precedente y entonces se la renombró “Pieza de comer”. Sin embargo, María Luisa nunca comía en público dado que llevaba una dentadura postiza. Lo más probable es que esta sala, dado su tamaño, sirviera para los bailes íntimos de la corte, a imitación de las redoutes que organizaba la reina Marie-Antoinette. María Luisa era particularmente amante de estas diversiones, que se celebraban por la tarde, cuando el rey estaba de caza y cuando la reina no iba a los toros.

26- TOCADOR DE LA REINA

La sala completa el trío de salas más lujosas del Cuarto de la Reina. De la decoración original solo queda, una vez más, el techo de Bayeu representando La apoteosis de Hércules y los frisos y medallones que lo rodean, con alegorías de La Pintura, La Filosofía, La Poesía y La Música. Para esta misma estancia, Mengs pintó cuatro exquisitos sobrepuertas con los cuatro momentos del día, retirados más tarde.

Las Cuatro Horas del Día (1769) según Mengs.
El Amacer representado por la diosa Aurora, el Mediodia por Helios o Apolo, el Atardecer por Héspero y la Noche por Diana.
© Patrimonio Nacional.

Toda la estancia fue completamente redecorada de 1793 a 1798, constituyendo una de las piezas que más tardíamente se reformó y en la que más tiempo se invirtió. Sabatini concibió la elaboradísima decoración clásica de las paredes, curiosamente de color azul. Los estucos fueron ejecutados por los hermanos Brilli, que también trabajaron estucando los gabinetes de Carlos IV. La estancia tenía, sin embargo, un aspecto bastante distinto, menos evanescente, ya que solo había cuatro grandes espejos situados en el centro de las paredes. Las puertas no tenían espejos y en los ángulos de la sala habían unos tapices de guirnaldas de flores sobre fondo beige diseñados por Dugourc. Justo frente a las ventanas se situaba la mesa del tocador de la reina, con todo un juego completo y bajo un monumental dosel.

Tocador de la Reina (actual Salón de los Espejos).
© Patrimonio Nacional.

A pesar de su nombre, la estancia no era privada. Dada la suntuosidad de la decoración, el tocador debía ser como la Cámara del Rey, es decir, un espacio donde la reina recibía las visitas matutinas mientras era vestida y maquillada, siguiendo el ritual de la toilette femenina que también se seguía en otras cortes europeas.

La reina Charlotte de Reino Unido mientras recibe la visita de sus hijos durante la toilette matutina.
© Royal Collection.

27- DORMITORIO DE LOS REYES

Al contrario que en las estancias precedentes, ésta sí que tiene un fresco de época de Carlos IV, La institución de las órdenes de la Monarquía española fue pintado por el omnipresente Bayeu en 1794. Tanto los trumeaux como las sobrepuertas con roleos serían de la misma época, probablemente obra de Sabatini. En sus paredes colgaban obras religiosas, por lo general copias de grandes maestros.

Dormitorio de los Reyes (actual Salón de Tapices).
© Patrimonio Nacional.

Este habría sido el dormitorio oficial de los reyes ya desde su boda en 1765, sin embargo es posible que el rey durmiera de forma extraoficial en su vestidor, es decir, la pieza contigua (14). No fue hasta finales de su reinado, cuando Carlos IV instaló oficialmente su dormitorio en una de las piezas del Ala de San Gil (18).
Si el rey se levantaba a las cinco, la reina lo hacía a las ocho, luego recibía a sus hijos y a la aya, a continuación se celebraban la toilette y las audiencias matutinas en el tocador contiguo.

28- RETRETE DE LA REINA

La pequeña estancia anexa al dormitorio presentaba una hornacina en su pared que probablemente contenía un retrete, disposiciones parecidas encontramos en el palacio de Aranjuez o la Casa del Labrador.

El Retrete de la Reina en la Casa del Labrador de Aranjuez.

29- PIEZA 29

Esta pequeña estancia formaba parte del conjunto de trascuartos de la Reina, es decir, una serie de habitaciones pequeñas e íntimas que miraban hacia el patio. Más allá de que fueran estancias privadas, su uso no parecer ser muy preciso ni concreto.

Esta estancia tenía una gran fresco de Juno pidiendo a Eolo que suelte los vientos contra Eneas pintado por Maella en época de Carlos III, el fresco está ahora oculto bajo el falso techo. En este espacio María Luisa guardaba algunos de los cuadros más clásicos del palacio, notablemente obras de Tiziano y Rafaello.

30- PIEZA 30

Nada ha sobrevivido de su estado original, su ausencia de decoración fija remarcable parece indicar que pudo haber sido una biblioteca.

31- GABINETE DE LOS ESTUCOS

Presenta una de las decoraciones más elaboradas del Cuarto de la Reina. Tanto los estucos de la bóveda como los paneles de las paredes fueron diseñados por Sabatini y ejecutados por los hermanos Brilli, todo ello en un exquisito estilo neoclásico.

Gabinete de Estucos o de Escayola de la Reina.
© Patrimonio Nacional.

El gabinete pudo haber funcionado como pequeña sala de reuniones en relación a la pieza siguiente.

32- GABINETE DE LAS MADERAS FINAS

Comparado con el resto del Cuarto de la Reina, la decoración resulta totalmente anacrónica: elaboradas boiseries de maderas finas estilo rococó. Todos los elementos provienen en realidad de los Gabinetes de Maderas Finas de Carlos III en el otro extremo del palacio.

Gabinete de las Maderas Finas.
© Patrimonio Nacional.

En una forma de legitimar su poder, la reina gobernaba desde un escenario digno del gran Carlos III. Cada mañana, la soberana pasaba largas horas trabajando en este pequeño espacio, leyendo informes policiales que le enviaba cada día Godoy y, a su vez, escribiendo al valido sobre cuantos asuntos la preocupaban. También en este gabinete debía recibir la reina a ministros y a cortesanos “en audiencia reservada”.

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En resto del Palacio Real se distribuía bajo Carlos IV de la siguiente manera: los príncipes de Asturias en el antiguo cuarto de Carlos III y su esposa en el lado oeste, en el ángulo noroeste la infanta María Luisa Josefa y su esposo el duque de Parma a partir de 1801 y en el noreste los infantes Carlos y Francisco de Paula. El infante Antonio Pascual se alojaba en la planta baja.

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