miércoles, 28 de febrero de 2018

Habitar el Palacio Real II/1 - Carlos IV (1788-1808)


Carlos III disfrutaba en El Pardo, donde, siguiendo la costumbre implantada por Felipe V, la corte residía durante el invierno, es decir, desde Epifanía hasta Semana Santa. No obstante, tanto su hijo Carlos como su nuera María Luisa se aburrían mortalmente allí, es por eso que cuando Carlos IV ascendió al trono dejó de ir a El Pardo y su magnífica colección de tapices fue trasladada a la residencia otoñal de El Escorial.

Quien salió ganando con este cambio no solo fue El Escorial, sino también el palacio de Aranjuez, donde la corte habitaba en primavera y ahora también en invierno. El Palacio Real de Madrid seguía teniendo un uso reducido, desde el uno de diciembre hasta mediados de enero, en Semana Santa y durante una quincena en julio.
Un marcial Carlos IV representado por Antonio Carnicero Mancio a inicios de su reinado.

CONSIDERACIONES GENERALES

El reinado de Carlos IV no fue sinónimo de grandes transformaciones arquitectónicas. Los múltiples proyectos de dignificación de los alrededores del palacio jamás se llevaron a cabo, y éste siguió coexistiendo con los viejos edificios de los Austrias como la Armería Real o la Casa del Tesoro.

Tampoco se llegó a terminar el gran proyecto de ampliación ideado por Sabatini. En efecto, Carlos III consideraba el palacio demasiado pequeño para alojar su familia, la regia servidumbre y las oficinas del gobierno, por lo que Sabatini proyectó duplicar la extensión. Su megaproyecto también ampliaba la capilla y creaba dos nuevas alas a cada lado de la plaza de la Armería que se prefiguraba, por lo tanto, como un cour d’honneur a la francesa tan de boga en aquella época.
El mastodóntico proyecto de Sabatini.

Afortunadamente, de este proyecto solo se llegó a erigir una de las alas del patio, la llamada Ala de San Gil, que albergaba la biblioteca personal del príncipe heredero Carlos. El fallecimiento de Carlos III nos ahorró, seguramente, tener que ver el Palacio Real convertido en una mole carente de cualquier balance y proporción arquitectónicas, el resultado final hubiera sido inquietantemente parecido al Palacio del Parlamento de Ceaucescu.

Con la llegada de Carlos IV al trono, como hemos dicho, el proyecto quedó paralizado y el palacio “ganó” su particular apéndice hoy conocido como Ala de San Gil.

Que los distintos proyectos no fructificasen no quiere decir que los interiores del palacio no experimentaran cambios notables, al fin y al cabo, una de las grandes virtudes de Carlos IV fue ser un apasionado coleccionista, amante del arte y connoisseur.

Ya desde el reinado de su padre, el Cuarto de los Príncipes de Asturias se caracterizó por la alta calidad de su decoración, Mengs encargó los techos a jóvenes artistas españoles como Bayeux y Maella; Sabatini buscó a artistas italianos para la “decoración fija” de algunas estancias, es decir, aquella que no estaba sujeta al cambio invierno/verano, como boiseries, paneles estucados, bajorrelieves etc.

Mengs y Sabatini siguieron siendo hasta su muerte (en 1779 y 1797, respetivamente) los mandamases artísticos de palacio, sin embargo, Carlos IV mostró un claro interés por el arte francés, adquiriendo sin cesar relojes, muebles, lámparas, candelabros y sedas. A partir de 1789, el francés Jean-Démosthène Dugourc, instalado en Madrid para huir de la Revolución Francesa, se convirtió en el nuevo gurú de la decoración palaciega, siendo el responsable de la introducción en España de las tendencias en decoración más chic y avantgarde del momento.

Por último, cabría mencionar que tras la muerte de Carlos III dejó de hacerse el tradicional “cambio de piel” en las estancias del palacio. Los tapices invernales se reservaron para El Escorial y los cuartos del Palacio Real se vistieron con cuadros colgados sobre suntuosas sedas durante todo el año. Eso no quiere decir que Carlos IV despreciara el arte textil, al contrario, solo hace falta ver las decoraciones textiles conservadas intactas en sus “casitas”.

Planta del Palacio Real bajo Carlos IV. En azul el Cuarto del Rey, en naranja la Biblioteca del Rey, en rosa el Cuarto de la Reina y en amarillo el Cuarto de los Príncipes de Asturias.

EL CUARTO DEL REY

Cuando el nuevo soberano subió al trono, decidió que seguiría viviendo en sus aposentos del lado este del palacio, de modo que todo el ceremonial y la decoración tuvieron que plegarse rápidamente a esta circunstancia. El nuevo Cuarto del Rey se convirtió en un espejo, un duplicado, del de Carlos III en el lado oeste, las pinturas fueron trasladadas de lugar e incluso la ruta ceremonial de acceso tuvo que ser invertida.

1- ESCALERA DEL REY

La única modificación arquitectónica aportada por Carlos IV al Palacio Real no puede considerarse en ningún caso una aportación menor. La decisión del soberano de seguir viviendo en su antiguo cuarto del lado este tuvo serias implicaciones para el acceso a sus aposentos y el ceremonial cortesano. Con disposición de época de Carlos III, no se podía cumplir la estricta secuencia de antesala – sala – saleta – antecámara – cámara – estancias privadas, por lo que el nuevo soberano decidió que antes que cambiar él de cuarto sería más fácil mover la escalera principal de sitio. Así pues, en 1789, Sabatini desmontó la escalera y la trasladó al antiguo Salón de baile. Por lo tanto, el Salón de baile de Carlos III se convirtió en la nueva escalera de Carlos IV y viceversa.
Cambio de escalera y de ruta de acceso a los aposentos de Carlos IV (linea verde).

La Escalera Principal.
© Patrimonio Nacional.

[NOTA: en las salas que no registren cambios importantes, copiaré el texto de la entrada anterior, para no dejarlo vacío]

2- SALÓN DE LOS GUARDIAS DE CORPS

Sachetti concibió este gran espacio de dos pisos como un salón de fiestas con graderías en su perímetro, pero Carlos III ordenó transformarlo en la nueva Sala de Guardia. Sabatini concibió, por lo tanto, una nueva decoración mucho más sobria a base de pilastras pareadas toscanas. La decoración era acorde con la normativa arquitectónica de la época, que establecía que los vestíbulos debían ser estancias más monumentales y minerales frente a las siguientes estancias que irían aumentando en suntuosidad y decreciendo en tamaño. En el siglo XVIII sin embargo, esta estancia tendría un aspecto más suntuoso que en la actualidad, al estar las paredes revestidas con un “estuco de brillo” color beige que imitaba el mármol. La única nota de color en la estancia era, y es, el atmosférico fresco de Tiepolo Eneas conducido al templo de la Inmortalidad por sus virtudes y victorias, Venus encomendando a Vulcano que forje las armas para Eneas, clara referencia a las victorias militares de Carlos III bajo el sabio consejo de su madre Isabel de Farnesio. El Salón de los Guardias de Corps habría estado amueblado de forma somera, con quince camas plegables para los guardias, tres bancos, dos mesas largas, un armario para las carabinas y cuatro faroles.

3- SALÓN DE BAILES

En su origen era la escalera principal bajo Carlos III, hasta que Carlos IV la trasladó a la caja vecina. Desde entonces sirvió para bailes y festejos, esencialmente aquellos asociados a la época del año que la corte habitaba el palacio, es decir: Navidad y Semana Santa. Precisamente el Jueves Santo tenía lugar en este salón el tradicional lavado de pies a doce pobres. Su decoración permaneció inalterada: columnas corintias de piedra de Colmenar, elaborados estucos y oculi y un fresco de Giaquinto titulado El nacimiento del Sol.

4- ANTESALA DEL REY

Era la primera estancia de los aposentos de Carlos IV, organizados según la, ya citada, secuencia de antesala – sala – saleta – antecámara – cámara – gabinetes/estancias privadas, además, también servía de entrada a los aposentos del príncipe Fernando de Asturias, situados en el antiguo Cuarto de Carlos III. En esta sala esperaban los cortesanos antes de ser admitidos al besamanos.

Su decoración era la misma, pero movida de sitio, que antes había estado en la Antesala de Carlos III (6): ocho consolas tardobarrocas con cubierta de pórfido y cuadros de emblemáticos pintores como Tintoretto, Veronese, Bassano y Tiziano (de este último había su Autorretrato y Adán y Eva).

5- SALA DEL BESAMANOS

Su decoración y función permanecieron inalteradas durante todo el reinado de Carlos IV, sin embargo, hubo una pequeña alteración en la percepción de la estancia: al invertir la ruta ceremonial, ahora se entraba a la sala por la puerta oeste, impidiendo la correcta lectura del fresco que Tiepolo había concebido para ser observado desde la puerta este. Dugourc presentó, al parecer, un proyecto de reforma de la estancia en estilo neoclásico que, por suerte o no, jamás se realizó.

Siguiendo la costumbre del reinado anterior, en la Sala de Besamanos, los reyes recibían a los invitados extranjeros y nacionales justo después del almuerzo.
El Salón del Besamanos.
© Patrimonio Nacional.

 Grabado de "Un besamanos en el Palacio Real, reinando Carlos IV" obra de Luis Álvarez.

6- SALETA DEL REY

En el techo seguía estando el fresco de Tiepolo Apoteosis de la Monarquía española, y las paredes estaban decoradas, entre otros, con grandes retratos regios de Velázquez (Felipe III, Felipe IV, sus respectivas consortes, el cardenal-infante Fernando y el conde-duque de Olivares) y obras mitológicas de Tiziano (Venus y Adonis, Venus vendando los ojos a Cupido).

La “saleta” se consideraba una estancia más reservada que la “sala” precedente y aquí Carlos IV solía almorzar y cenar ante la corte, a las doce y a las nueve y media, respectivamente. A principios del reinado solían comer los soberanos juntos, luego el rey solo. Un menú (para el rey y la reina) de 1789 consistía en varios servicios de los que se podían escoger dos o más variedades de platos:
  • dos sopas
  • ochos trincheros (platos de carne)
  • dos entradas
  • dos o tres asados
  • dos postres
Carlos IV solía tomar un postre bien peculiar, una miga de pan mojada con agua. Como en otros reinos europeos, poco a poco fue imponiéndose en la corte el gusto por la privacidad, así que al final de su reinado, Carlos IV también comía en privado con su hermano el infante Antonio y algunos cortesanos escogidos.

Tras el almuerzo el soberano salía a cazar, casi cada día, independientemente del tiempo y volvía a palacio a media tarde, cuando anochecía. Carlos IV disfrutaba de dos grandes cotos de caza en las cercanías del Palacio Real: la Casa de Campo y el Monte de El Pardo.
La Saleta o Pieza de Comer de Carlos IV (actual Saleta Oficial).
© Patrimonio Nacional.

Los jóvenes Louis XVI y Marie-Antoinette almorzando ante la corte, según la película de Sofia Coppola (2006).
Una imagen parecida debieron ofrecer Carlos IV y María Luisa de Parma a inicios de su reinado.

7- ANTECÁMARA DEL REY

Bajo Carlos III, esta constituía la primera estancia del Cuarto del Príncipe de Asturias, era su “Pieza de trucos” o sala de juegos. Tras el ascenso de Carlos IV al trono, esta estancia se convirtió en la “Antecámara del Rey”, pero siguió teniendo exactamente la misma función, sirvió para juegos de azar y divertimentos cortesanos. El centro de la sala estaba ocupado por un enorme billar. El techo estaba decorado con uno de los pocos frescos que Carlos IV no ordenó repintar: los Argonautas ofreciendo el Vellocino de Oro a la Monarquía española, de Tiepolo. En las paredes colgaban grandes obras de Velázquez (Las Hilanderas) y de Martínez del Mazo, Luca Giordano, Ribera, Rubens, Brueghel y Teniers.

Carlos IV solía disfrutar de los juegos de azar a media tarde antes de la cena, jugaba al billar y al tresillo, pero con frecuencia se quedaba dormido con las cartas en la mano debido a que llegaba agotado después de la caza.
El único billar de Carlos IV conservado, en la Casa del Labrador de Aranjuez.
© Patrimonio Nacional.

8- CÁMARA DEL REY

Junto con el Salón del Besamanos, la Cámara del Rey constituía la estancia más importante de todo el Cuarto del Rey. Era heredera directa de la cámara medieval en la que el soberano vivía, dormía, trabajaba y recibía huéspedes ilustres. En el siglo XVIII, sin embargo, la cámara se había convertido en una estancia meramente formal, aunque al contrario que la chambre de parade francesa, en la cámara española no se instalaba ninguna gran cama de ceremonia.

Carlos IV decoró esta estancia con una colgadura de seda amarilla sobre la que se instalaron algunos de los cuadros más preciados de la colección real: La Forja de Vulcano, Las Lanzas, Esopo y el Infante Baltasar de Velázquez; La Madalena Penitente de Ribera o El Prendimiento de Cristo de Van Dyck; además de obras de Teniers y Wouwerman. El techo originariamente había contenido una obra de Tiepolo sobre Hércules, pero Carlos IV ordenó que Maella pintara encima La Apoteosis de Adriano, en clara referencia al propio soberano y en oposición a La Apoteosis de Trajano que Mengs había pintado para Carlos III.

En esta pieza, llamada “grand cabinet de toilette” Carlos IV era formalmente vestido cada mañana, también aquí se reunía con su familia antes del almuerzo y daba audiencia formal a ministros y embajadores por la tarde, apenas media hora, cuando volvía de cazar.
La Cámara de Carlos IV sigue cumpliendo, a pesar de los cambios decorativos, más o menos la misma función.
© Getty Images.

La bóveda de Maella en la Cámara del Rey (actual Cámara Oficial).
© Patrimonio Nacional.

9- ORATORIO DEL REY

Al igual que bajo Carlos III, también bajo su sucesor, la cámara estaba asociada a un oratorio, decorado con un gran cuadro representando La Adoración de los Pastores obra de Ribera u otro autor. En este pequeño espacio (o en el otro oratorio del rey - 16), el soberano solía oír dos misas apenas levantado, a las cinco de la mañana, también aquí tenían lugar las devociones antes de ir a dormir, sobre las once.

10- ANTEDESPACHO DEL REY

Esta estancia y las dos siguientes constituyan en su origen los “gabinetes del Príncipe”. Su disposición y funciones eran análogas a los de Carlos III, sin embargo, no contenían la elaborada decoración en maderas finas. Por el contrario, el elemento más destacado de su decoración eran los techos en estuco realizados por los hermanos Brilli a imitación de las logge de Rafael en el Vaticano. A pesar de su pequeño tamaño, todos tres gabinetes estaban repletos de pequeños cuadritos de temática variada.

La primera estancia, con colgaduras de moiré verde, era donde el rey recibía en “audiencia reservada”, apenas media hora por la tarde pues solía ser la reina quien se encargaba de los asuntos de gobierno.

11- DESPACHO DEL REY

El “cabinet d’hiver” era el principal espacio de trabajo del soberano. En él colgaba una radiante tapicería de moiré rayado azul y blanco y presentaba una decoración especialmente suntuosa: un techo en estuco, un trumeau y unas boiseries estilo neoclásico obra de los hermanos Brilli en 1788 y que claramente imitaba los grutescos de Rafael y todo el apartado decorativo del arquitecto inglés Robert Adam.

A finales de su reinado, Carlos IV fue poco a poco abandonado este espacio, principalmente por dos razones, por preferir los espacios de su biblioteca y porque era la reina quien en realidad se encargaba de las cuestiones de gobierno.
El Despacho del Rey (actual Despacho Oficial).

12- PRIMER GABINETE DEL REY

Con este ambiguo nombre aparece nombrado este pequeño espacio que antaño estuvo recubierto de colgaduras de moiré dorado y amarillo. Seguramente aquí Carlos IV se reunía con ministros, militares y grandes de España alrededor de una pequeña mesa.

13- PASO

A pesar de su pequeño tamaño estaba decorado con más de treinta cuadritos de Panini, Murillo, Conca, Guiaquinto, Watteau, Wouvermans o Teniers, la mayoría de temas costumbristas.

14- PIEZA DE VESTIR DEL REY

El gran fresco de Hércules entre el Vicio y la Virtud de Maella constituía el principal elemento artístico de la estancia junto con, una vez más, grandes obras pictóricas de Velázquez, Ribera, Mengs (El Descendimiento) o el mismísimo Rafael (Caída en el camino del Calvario). En esta estancia el rey se vestía en privado y seguramente también funcionó como una especie de salón particular para las reuniones familiares.
La Pieza de Vestir del Rey (actual Salón de Armas) presenta hoy en día una decoración radicalmente distinta a la de época de Carlos IV, se conserva, no obstante, el techo.


15- RETRETE y 16- ORATORIO PRIVADO

La función de estas dos estancias no está muy clara y nada de su decoración ha llegado hasta nuestros días, pero conociendo el alto bagaje artístico del soberano debieron ser dos pequeños espacios especialmente notables. En el primero se concentraba un alto número de cuadritos de temática variada y costumbrista y en el otro eran todos de temática religiosa, cosa que hace suponer que el primero sería un retrete/tocador (o quizás una sala de baños) y el otro un pequeño oratorio privado. Disposiciones muy parecidas había en Aranjuez y El Escorial.

17- CUARTO GABINETE DEL REY

La pequeña estancia con muros recubiertos de seda carmesí presentaba la sorprendente cantidad de más de cuarenta cuadritos colgados de sus paredes. Este gabinete servía de nexo entre el cuerpo principal del palacio y el Ala de San Gil o de la Biblioteca. Pudo haber servido de despacho o vestidor privado del rey en los últimos años de reinado.

18- DORMITORIO DEL REY

Solo en los últimos años de reinado, Carlos IV abandonó el dormitorio conyugal y se trasladó a esta pequeña habitación al lado de su biblioteca, situación muy parecida a la del soberano británico George III, que en Buckingham House dormía en un pequeño cuarto anexo a las bibliotecas. La bóveda presentaba un fresco de Introducción a la Sabiduría, y los cuadros de la estancia eran en su mayor parte copias de originales, más alguna obra de Ribera y Luca Giordano.
Como habría podido ser el dormitorio de Carlos IV: un gabinete del Castillo de Windsor aderezado para la visita de Napoléon III en 1854.

19- BIBLIOTECA DEL REY

Las obras del Ala de San Gil (o de la Biblioteca) fueron ya pensabas para albergar la, cada vez mayor, colección de libros del príncipe de Asturias. Su finalización justo coincidió con el fallecimiento de Carlos III, las tareas de decoración tuvieron lugar, por su parte, durante los primeros años del reinado de Carlos IV, que las encargó a estuquistas como los hermanos Brilli y a pintores como Maella o Bayeux.

La biblioteca del soberano constaba de once estancias, la mayoría de ellas amuebladas con grandes estantes cerrados con puertas de cristal. Otras contenían la colección de mapas, la colección de vistas de España y máquinas de física y óptica. Se podía acceder a la biblioteca por una escalera independiente (E) desde la Plaza de la Armería, lo que permite imaginar que había algún tipo de acceso semipúblico para estudiosos y eruditos, como también ocurría en la Buckingham House. En el entresuelo debajo de la biblioteca, Carlos IV habría tenido sus talleres de relojería, donde pasaba casi toda la mañana, alternándolo con visitas a las Caballerizas Reales.
Décima Sala de la Biblioteca del Rey (actualmente Sala de Música de la reina Victoria Eugenia).
Undécima Sala de la Biblioteca del Rey (actualmente Biblioteca de la reina Victoria Eugenia), la vitrina a mano izquierda fue antaño una puerta que conducía a la escalera particular de la biblioteca.


Como habría podido ser la biblioteca del rey, una vista de una de la bibliotecas de la Buckingham House en Londres.

Para no alargar mucho este post, dejamos al Cuarto de la Reina para el siguiente.

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